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COMER CULOS: ÚLTIMA MODA EN RESTAURANTES JAPONESES

26.3.16 Francesc Puigcarbó 0 Comments



Desde el exótico y erótico Japón nos llega la última perversión oriental. En un restaurante ya no se lleva pedir los manidos sushi y sashimi y llevárnoslos a la boca con los tradicionales palillos, no sin cierta torpeza, Lo que se lleva ahora es llevarse a la boca el trasero de una mujer nipona, un manjar para el que, para mayor comodidad del comensal, no es preciso utilizar palillos. Bienvenidos al nuevo concepto de restaurante japonés no apto para paladares escrupulosos. Lejos de servir sushi, los comensales comen culos. No  busquen el menú del día tradicional, no lo encontrarán. Los culos de las señoritas son el único plato de la carta.



No se vengan arriba los que se estén sintiendo invadidos por una emoción inusitada, ni se indignen los que hayan puesto el grito en el cielo ¡Lo que faltaba! Aún no han llegado a España, pero en su país de origen, los restaurantes de culos ya son toda un revolución sexual. Y gastronómica.

¿Cuánto cuesta comerse un culo?

Si usted dispone de 100 a 250 puede ponerse las botas a base de culos. Parece que los billetes no faltan en Japón, donde estos inusuales lugares están abarrotas de ajetreados hombres de negocio que vienen en busca de algo de paz y un resorte a sus estresantes y delirantes vidas. El comensal podrá escoger el culo que más le apetezca comerse; nalgas tersas y jóvenes, apetitosos traseros depilados o suculentos culos trémulos y entrados en carnes. Está igualmente permitido y entra dentro del precio testar manualmente los culos. Como es lógico, podrá usted agarrar, amasar, acariciar y palpar las diferentes nalgas del menú para decantarse finalmente por uno. Considero que en estos casos es imprescindible tocar la comida antes de comérsela, por mucho que nos dijeran de pequeños nuestras madres que “la comida no se toca”. También creo que es de vital importancia ir calentando motores. El culo – al menos uno desconocido y al que no se le ve la cara- no es un plato que deba comerse frío.

Todos los culos del menú se sirven bien perfumados y están dispuestos para que el comensal incruste su cara en ellos. Cada retaguardia viene acompañado de un letrero que dice: All you can eat (Todo lo que pueda comer). Hasta que sus papilas gustativas se den por saciadas y su lengua acabe agotada de chupar, lamer el bendito culo en cuestión. El comensal está autorizado a propinar alguna que otra azotaina, incluso hasta dejar los cachetes rojos. Pero sin pasarse, que no es usted el Marqués de Sade.

A diferencia de cualquier otro restaurante al que ustedes y yo estamos acostumbrados a sentarnos a comer, el culo no se sirve en plato. Lo curioso del lugar es que para degustar este manjar no le quedará otra que incrustar la cara entre los dos cachetes del culo que sale de una suerte de lavadora sin tapadera. Una vez su cara esté acoplada en el lugar adecuado, lo que procede es comenzar a comer el culo a discreción. Está claro que por mucho culo que se coma usted, saldrá con más hambre que cuando sale uno de comer sushi. Eso sí, se pondrá morado de chupar los escondrijos y recovecos más recónditos de una mujer con el culo en pompa para que usted se lo coma enterito. Está usted en el paraíso, disfrútelo.

Sobre cada uno de los orificios desde donde asoman los traseros, se puede observar la foto de la propietaria de las posaderas acompañado de una carta de presentación de la supuesta dueña y señora de las nalgas que va usted a paladear. Todo un detalle, pues es conveniente para el comensal conocer la procedencia de lo que se va a a comer y ponerle cara al culo que se va a catar. Algo un tanto absurdo teniendo en cuenta que los ojos de los comensales están cubiertos con antifaces.

Más allá de este revolucionario concepto de restaurantes, Japón siempre se ha caracterizado por ser un país donde el culto al sexo roza en ocasiones el límite de las parafilias. Sobre alguna de ellas hablamos en perversiones raras de la A a la Z. No nos escandalicemos demasiado, que siempre habrá alguien más perverso.

Dicen que somos lo que comemos. Espero que las señoritas niponas que ofrecen sus nalgas a precio de caviar hayan aplicado el protocolo higiénico que corresponde para estos menesteres. Llámenme tiquismiquis, pero no quisiera yo comerme un culo en mal estado y de mala gana, tener que montar un número y pedir explicaciones al maître. Si alguna vez se embarcan en tan suculenta experiencia gastronómica, les recomiendo que tengan los ojos bien abiertos – a pesar del obstáculo que supone el antifaz- para no trompicar con ningún tropezón. Bon appetit. Y no se dejen nada en el plato. Disculpen, culo. 20MINUTOS.ES

Nota: Un poco rara la noticia, igual es un fake, en todas partes aparece la misma foto, aunque tratándose de japoneses, todo es posible.

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